Así comenzó la historia de Hacienda La Chica con Julio César Sánchez García, quien no solo se enamoró de su belleza, sino del alma que habita en cada rincón.
Más que restaurar una propiedad, asumió el propósito de devolverle su esplendor original, respetando su esencia y honrando su legado. Su búsqueda lo llevó a sumergirse en la historia de la región y de las haciendas vecinas, descubriendo que La Chica no es solo un lugar, sino un capítulo vivo de Colombia.
Un nombre con carácter, desde 1776
Construida alrededor de 1776, su nombre nace como contraste con otra gran hacienda cercana, “La Grande”. Pero su tamaño nunca definió su importancia: desde tiempos coloniales, este espacio ha sido escenario de momentos trascendentales.
De la Expedición Botánica a la independencia
Se dice que en 1785, durante la Expedición Botánica, La Chica fue punto de paso para el conocimiento y la exploración. Años después, en la época de la independencia, sus muros acogieron la vida y la esperanza: fue hospital y refugio para quienes luchaban por la libertad de la Nueva Granada.
Hoy, esa misma energía permanece.
Cada espacio de la Hacienda La Chica invita a desconectarse del ruido y reconectarse con lo esencial. Es un lugar donde la historia inspira, la naturaleza abraza y las experiencias se transforman en recuerdos memorables.
Gracias a la visión y dedicación de Julio César Sánchez García, este legado no solo se conserva: se proyecta hacia el futuro como un escenario único para encuentros, descanso, bienestar y conexión auténtica.